¿Qué aprendí en mi Camino?

Tengo 11 años dentro de un camino espiritual, pero fue realmente hace 6 años cuando decidí recorrerlo, levemente más en serio.

Soy comunicadora social, y me especialicé en el área de generación de contenido de entretenimiento para eventos. Aprendí sobre logística, estrategias de marketing y comunicación, posicionamiento de nuevas marcas, música independiente... Me divertí mucho. Me excedí también. Durante 5 años mi estilo de vida rondaba alrededor de la oficina, los eventos del trabajo, fiestas de noche, de día, de tarde... Conocí mucha gente linda, la pasé muy bien, no me arrepiento ni de un minuto.

Pero me cansé... Quería vivir una experiencia que fuera totalmente distinta a lo que había vivido... Mi alma pedía libertad, y sobre todo, profundidad. Y lo que estaba haciendo no me estaba permitiendo encontrarla... Ahora empieza la historia de la ilusión y la desilusión de esta experiencia llamada camino... Porque con expectativas no se vive, sino que vivimos cuando las quebramos:

Recuerdo que el día en que tomé la decisión de retirarme por un tiempo a vivir en La Montaña de Cóndor Blanco muchas cosas comenzaron a cambiar... O más bien, a dejarse fluir. La relación con "el hombre de mi vida" terminó. Decidí renunciar a mi trabajo y emprender una aventura de 3 meses que se convirtieron en 6, viviendo en medio de la naturaleza, en el refugio de quien hoy reconozco como mi maestro, con personas que hoy hacen parte de mi comunidad, a quienes no escogí, pero que la vida escogió para acompañarnos a emprender esta nueva aventura llamada profundizar.

Luego de esos 6 meses, viajé a India en una Expedición a Rajastán con CB Expeditions. Dicen que cuando conectas con un recuerdo sobre tu origen, no vuelves a ser el mismo. Eso me pasó allá. Ver a los gitanos movió una fibra detro de mi de una manera que no logro poner en palabras... "La India te cambia", me habían dicho... Y tenían toda la razón. Regresé a mi país, y algo no me calzaba... o yo no calzaba más ahí. En una semana empaqué mi vida en una maleta y un bolso de mano, cerré un capítulo y me decidí de una vez por todas a adentrarme en esta "nueva etapa" rodeada de montañas, naturaleza, estaciones, silencio, naturalidad, transformaciones constantes.

¿Qué aprendí...?

  • Aquí aprendí que la verdadera experiencia es la que calienta el corazón. Que la magia está en lo simple. En los 4 elementos. En el sol que brilla suspendido en el firmamento, en el agua que fluye inagotable y serena, derritiéndose sin resistencia desde la cumbre de los Andes, adonde fue a parar cuando vino de las estrellas. Aprendí que la tierra es noble, y nos tolera con paciencia y amor, manteniéndose firme para que podamos avanzar adonde realmente queremos, con respeto hacia ella y hacia todos los seres que ella habitamos. Aprendí que el cielo es el límite, y por ende, no existen más límites que los que están en nuestra mente.

  • Aprendí que la vida es superficial, en cuanto la veas desde arriba, como si fueses superior... Y que es profunda, mientras te permitas vivir todos los procesos, ver adentro del alma de todas las personas, sin compararte, sin irte a menos, ni tampoco a más. Aprendí que la profundidad te eleva, mientras tengas claro un propósito para impulsarte... Y que si no te estás transformando día a día, redescubriéndote un poco más, a veces sin conocerte, es porque aún quedan máscaras por soltar.

  • Aprendí que el amor es generoso, y que todavía soy egoísta... Y es que el camino te entrega herramientas para trabajar sobre ti, pero no te hace mejor... Sólo te permite mirarte con más honestidad y te fortalece para que puedas continuar después de verte. Aprendí que un maestro te guía, pero que el dueño de tus decisiones eres tú, y tampoco eres quién para juzgar las decisiones de los otros. Aprendí que da igual si lo logramos o si fracasamos... Y que a veces las equivocaciones te hacen más auténtico que los éxitos, porque te permites ser vulnerable y recibir apoyo sin interés.

  • Aprendí que no sabemos nada, y que ojalá pudiéramos recordarlo todos los días, para vivir cada día como si fuera el primero... o el último. Aprendí que mi deseo es vivir una vida con sentido, que tengo miedo a envejecer, porque significa que el tiempo se acaba... Aprendí que el tiempo no es lineal, y por ende no se acaba... Aprendí a contradecirme, porque todos tenemos el derecho a cambiar de opinión. Aprendí a andar de cara lavada, sin pensar si quiera en ello.

  • Aprendí que si respetas a la tierra, ella te bendice, y pone en tu camino a personas maravillosas para reencontrarte a ti mismo a través de ellos. Aprendí que no es tan importante la cantidad de lo que sabes, sino lo verdadero que experimentas. Aprendí que amar tu camino significa también cansarte de él, y aún así persistir... Sin saber por qué, y sin necesidad de saberlo. Aprendí que la autenticidad es la única forma de ser libre... Y que la naturaleza es la mejor aliada para abrir esa puerta.

  • Aprendí que no hay nada que aprender, solo que recordar... Porque cada enseñanza es un flujo de energía disponible, para recordarnos que no podemos obtener la libertad, porque somos libertad.

Espero que un día recordemos...

... Ah! Y aprendí que aún sigo con expectativas.

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