Viajes que Cambiaron mi Vida: Disfrutar en Bali (4/4)

2016 fue un año en el que planeé quedarme tranquila en La Montaña (si aún no lees mi bio, te invito a hacerlo para ponerte en contexto de donde vivo actualmente), poner al día varias cosas, facilitar seminarios locales... Pues nada salió como planeé, y por supuesto fue para mejor. Mientras pensaba en cómo empezar este post pensé: nuevamente este viaje no lo tenía planificado... Y enseguida recordé que soy Sagitario. Viajar hace parte de mi naturaleza, es lo espontáneo, no lo programado. Es en los viajes donde vivo las grandes transformaciones... O experimento las grandes transformaciones, viviendo cada situación como un viaje.

Pues resultó que 2016 fue el año de los viajes y de las transformaciones. Hice varias visitas a Brasil por trabajo (y por qué no para disfrutar, porque en ese lindo país sí que se la pasa uno bien), y en el interín surgió la posibilidad de ir a Bali, nuevamente bajo la organización de CB Expeditions.

Debo confesar que cuando recién me enteré de la ruta de esa expedición pensé que me encantaría ir, pero que no lograría reunir el dinero para ir. Como en otras oportunidades, la conciencia de miseria estaba haciéndose presente y de hecho decidí escucharla. Decidí no ir... Pero, la esencia Sagitariana es más fuerte... Necesita viajar, precisa explorar y anhela redescubrirse en tierras extrañas. Así que tomé la oportunidad y dije sí, en caliente, por supuesto, como deben tomarse las decisiones que cambian la vida.

Fue un primer semestre de trabajo enfocado con la intención clara de ir a ese destino. No tenía muy claro qué había allí o por qué quería ir allí, pero si tanta propaganda Elizabeth Gilbert le hizo a Bali, pues algo tenía que tener. Amar en Bali, dijo ella. Pues yo diría abrir el corazón, y el primer paso para ello, sin duda es disfrutar.

Bali tiene un aroma exótico, pero no salvaje. Es amorosa, pero no cursi. Respira y palpita. No es rápida, no es lenta... Te invita a conectarte con tu propio ritmo, sin apuro, sin pausa. No te abraza, pero te envuelve. Y tú te rindes como lo haces con un bailarín que sabe cómo llevarte: con una sonrisa, el cuerpo suavecito y los pies ligeros.

En esta expedición pasamos por 3 zonas principales: Seminyak (playa, buenos restaurantes y lugares lindos para conocer, comprar, ver actos culturales), Yogyakarta (que está realmente en la isla de Java y que visitamos para conocer Borobudur, un monumento budista impresionante. Esta isla es musulmana, el ambiente sí que es salvaje, de alma guerrera. Bali, en cambio, tiene esencia de amante)... Y, por supuesto, Ubud. Amar en Ubud debió haber dicho la portada del libro, pero supongo que es más fácil identificar los nombres de los países en lugar de las ciudades, por eso le seguí el estilo en esta serie de posts a la Liz.

En Ubud es donde me voy a extender, pero me gustaría contextualizarles un poco antes. Para este viaje fui con un grupo de amigos/compañeros de comunidad/hermanos de la tribu/partners in crime/spiritual gangsters, así que íbamos con un súper círculo de apoyo acompañando a mi maestro Suryavan Solar. Él decidió que el curso que entregaría durante el viaje se llamaría "Los Portales del Corazón" (ya que Bali representa el chakra cardíaco del planeta).

Una de las primeras cosas que hice fue visitar una chamana y entre otras cosas me dijo: Viniste a Bali a abrir el corazón... Pues lo que comenzó en India, tenía su enlace en Bali. (Y si se preguntan por Ketut, él murió, pero su descendencia vive, y muy bien después de que se hicieron famosos por la película, al menos eso fue lo que nos contaron, y me gusta creer que es así. Como dato adicional, Ketut es el nombre que se le pone al cuarto hijo de una familia, y después viene un segundo nombre... Así que hay MUCHOS KETUTS: el del taxi, el del mototaxi, el cuidador de la casa jejeje).

En Bali abundan los chamanes y es porque ellos integran su religión con la reverencia a la naturaleza, tal como hacen las tribus ancestrales. Para ellos (no solo para los chamanes) la vida es un ritual. Comienzan su día con ofrenda, realizan otra al mediodía y otra al atardecer. Agradecen por todo, son muy trabajadores y a la vez aprovechan su descanso... Y tanta reverencia por la vida no puede dar otro resultado sino Belleza.

Belleza veo delante de mi, belleza veo detrás de mi, belleza veo a un lado de mi, belleza veo al otro lado de mi. Belleza veo arriba de mi, belleza veo abajo de mi, belleza veo afuera de mi, belleza veo adentro de mi - Suryavan Solar.

Ese mantra cobró sentido en Bali, sobre todo en Ubud... ¿Y qué pasa con Ubud? Pues es un lugar que está en el corazón de Bali. En medio de la selva, donde el calor invita a usar ropa leve y tu piel puede respirar el sol, el viento, los aromas... Tus poros se abren y disfrutas de los aceites esenciales, de los alimentos, de los masajes y de los paisajes. Las flores se abren con tu caminar o detrás de ti y un incienso siempre te recuerda donde estuviste ya que el aroma impregna tu ropa y tu ser.

Fue en ese lugar donde percibí que aunque seguía algunas disciplinas, la práctica del placer se había diluido en el automatismo. Me había olvidado de mi ritmo y de lo delicioso que es vivir en mi piel. De lo afortunada que soy cada día de mi vida y cómo es importante despertar los sentidos para darnos cuenta de eso.

Cuando volví de Bali recibí muchos elogios, a los que respondía, "gracias, debe ser por el viaje". Hasta que alguien me dijo: No Yaramtia, esa energía está adentro de ti. ¿Adentro de mi? Claro que sí, estaba invernando, a veces quiere regresar a su caverna, le gusta que la halaguen y la cuiden, que la embellezcan, no por vanidad, sino por valoración. Le gusta que escuchen sus necesidades, pero también sus deseos... Esa parte de mi siempre vivió conmigo, pero ahora floreció. Justo a tiempo para volver a la Montaña cuando florecía la primavera del sur del mundo.

En Bali recordé cómo el disfrute me nutre y me despierta, cómo el placer revela esa parte de mi esencia que responde a los estímulos sutiles, y por lo tanto me sutiliza.

Después que volví, a veces siento nostalgia... Es que te vas de Bali como si estuvieras dejando a un gran amor. Pero la verdad es que a un gran amor, nunca lo puedes dejar... Se queda contigo porque nunca eres la misma después de él. Eres tú y él.

Volví con el corazón más abierto... Lo suficiente para que haya podido traer a esa isla maravillosa adentro de mi, y para que mi práctica diaria sea cada vez más placentera, más verdadera, más femenina. Retomé mi danza, mis masajes y mis caminatas. Mi coquetería y mi espontaneidad. Y aunque a veces se me olvida, siempre puedo volver a empezar: ofrenda y dedicación, amanecer y atardecer. Sol y Luna.

Que el viaje interno revele el misterio de nuestra existencia y nos permita vibrar al ritmo del corazón de la tierra y del universo... Como dice Suryavam ya son casi las 8:00pm, podemos hablar del universo.

Love,

Yaramtia

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