¿Por qué entramos en Relaciones Tóxicas?

Toda relación empieza porque existe una carencia de ambas partes. Si no fuera así, simplemente no necesitaríamos vincularnos. Algo nos falta, y nos encontramos a través de los ojos de otro, crecemos en compañía de un otro. Ahora bien, este proceso puede darse de forma saludable (en el dar y el recibir) o de forma tóxica (en la cual se perpetúan patrones de sufrimiento).

Cada persona es única, y el por qué se ve en la situación de entrar en una relación tóxica, depende de su contexto, de su historia personal. Sin embargo, la causa raíz de cualquier patrón de negativo, es una herida no reconocida. Esto quiere decir que en la infancia de la persona se generó un dolor tan potente, que para poder soportarlo, tuvo que desenvolver una máscara o proyección para taparlo y un patrón de comportamiento para sostener dicha máscara.

Así, cuando nos relacionamos, el otro nos muestra aquello que no hemos podido ver en nosotros, y si lo hacemos desde las heridas, el otro nos va a mostrar eso, consciente o inconscientemente: la herida, lo que nos duele, y que por no ser capaces de mirarlo, necesita perpetuarse hasta que logremos verlo cara a cara.

La relación tóxica es un síntoma de algo que tiene una raíz mucho más profunda en nuestra historia, en donde la carencia de afecto fue tan grande en nuestra infancia y en la infancia de nuestros padres y de sus padres (y así sucesivamente) que la forma en la que conocemos el amor, es a través de un vacío oscuro, donde soy capaz de anularme (ignorar mis deseos y necesidades), para poder obtener el tan preciado amor esperado. Así, la ausencia se transforma en la forma en que aprendemos a recibir amor. En la ausencia de respeto, de cariño, de seguridad, de protección, y comenzamos a asociar el amor con irrespeto, abandono, traición, maltrato e inseguridad.

Para reconocer la herida, y poder comenzar a darle atención, podemos comenzar viendo el patrón del tipo de relaciones tóxicas en las cuales nos envolvemos, las máscaras que están presentes, y por último lo que esconden.

Una herida no es otra cosa que un espacio muy vulnerable y delicado que requiere atención y cuidado. La única forma de comenzar a sanarla, es viéndola, pero como mirarla produce dolor (por el rechazo a los eventos de nuestra historia que no queremos mirar), entramos en el círculo vicioso de perpetuar el sufrimiento; creemos que duele más sanar, porque nos acostumbramos a sufrir.

"A menudo, las personas nos comemos nuestra «inversión» en la pareja aunque nos siente mal, aunque experimentemos la relación como equivocada o desvitalizante. Pero lo prudente y positivo puede ser abandonar el empeño, saber soltarse, deponer las armas, reconocer las señales de tensión en el cuerpo cuando lo que vivimos no nos produce satisfacción ni nutre a la pareja. Porque una pareja mantiene su sentido mientras sigue siendo nutritiva, creativa, y un campo abonado para acoger los movimientos del alma profunda de sus miembros, pero deja de tenerlo cuando no es así. En ese caso, hay que afrontar, tarde o temprano, la ruptura. Y el valor y el arte para la ruptura son tan cruciales como el coraje y el arte para la unión. Hay que rendirse, soltar lastre, desapegarse, aceptar. Aquí, rendirse significa dejarse llevar en brazos de una voluntad más grande que la propia, de un destino mayor, para que el dolor sea posible y nos dirija en otra dirección." Joan Garriga

Mirar hacia la vida, hacia lo que es diferente de lo que hemos escogido, es fundamental. Pero para lograrlo, es necesario mirar a los espacios dolorosos con compasión y aprender a cuidarnos (siendo adult@s tenemos esa capacidad). Esto, solo es posible con vínculos saludables, que nos transmitan seguridad y protección, que nos presenten la otra cara del buen amor.

Si estás en esta situación, puedes sentirte a ciegas o sin saber por dónde comenzar. Ya tener el deseo de vivir otra cosa es un gran paso, puedes verte a ti misma desde "afuera". Ahora, como próximo paso, puedes buscar apoyo terapéutico (individual y grupal) en donde puedas comenzar a construir un espacio sagrado de amor propio, en compañía de personas que te ven con buenos ojos, que comprenden tu proceso y que seguramente tendrán más de una herramienta para ofrecerte en tu jornada de rescate personal. Y finalmente, recuerda: no estás sol@. Hay personas que seguramente ya hicieron una travesía similar a la que tienes por delante. Investiga sobre referencias que se han atrevido a contar su historia, y cómo consiguieron mirar su dolor y rescatarse en el proceso. No estás sol@.

Love,

Y.

*Si quieres iniciar un programa de acompañamiento de Arquetipos del Amor conmigo, para adentrarte en tu mundo emocional y comenzar a caminar hacia relaciones saludables, escríbeme vía yaramtia@gmail.com

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