Si no hubiera fracasado en…

Hoy vamos a resignificar el fracaso… ese monstruo tan temido y rechazado que muchas veces nos hace sentir como si fuéramos una mierda.





La verdad es que si le quitamos las garras espeluznantes y los dientes asustadores, el fracaso no es más que el no haber cumplido las expectativas que teníamos en un principio. Peeeero… como vivimos en una sociedad logrocentrista donde se nos hace sentir que si no tenemos un éxito rotundo en todo lo que hacemos, hay algo mal con nosotr@s, entonces la culpa, la frustración, la comparación y la envidia alimentan ese monstruo que tanto nos quita energía.


Si me lees hace un tiempo, entonces debes saber que mi mayor desafío a lo largo del tiempo han sido las relaciones de pareja (dependencia insana, inseguridades, apego ansioso, elegir hombres emocionalmente no disponibles, etc).


La sensación de fondo que tenía cuando una relación terminaba o no "despegaba", es que (por supuesto), había algo malo conmigo… Al fin y al cabo, si las demás personas sí consiguen estar en pareja... "¿por qué yo no? ¿soy mala persona? ¿qué hay de malo en mí? seguro fue esto que dije/hice/dejé de hacer".


Esa voz tirana hablaba alto dentro de mi, y me hacía mucho daño.

Y esa voz no estaba solo en mi cabeza… también la escuchaba afuera, porque es que cuando llegas a “cierta edad”, la familia (entre otros) comienza a cuestionarse qué es lo que está mal contigo, ¿por qué no se ha casado / tenido hijos? - (porque imagínate, qué horror que a alguien se le ocurra vivir fuera de los mandatos asumidos sin cuestionamientos... ¡¡¡por generaciones!!!)


Entonces, la sensación de no ser suficiente se reforzaba. Adentro se nutría de la comparación por frustración, de la carencia mal direccionada; afuera, se nutría de los condicionamientos familiares y sociales.


Definitivamente era yo. Yo “estaba mal”.


Cuando toqué fondo después de reiterados “fracasos” relacionales y como consecuencia, una bajísima autoestima, tuve una comprensión. Había un patrón tan arraigado, que aunque intentara hacerlo consciente, cuando estaba en el campo de fuego (relacionándome) parecía que se me olvidaban todas las lecciones aprendidas.


Parecía que ese patrón era más fuerte que yo. Así que me di cuenta que necesitaba apoyo, ya que intentando resolverlo todo por mi cuenta, sólo conseguía sentirme más sola e insuficiente.


En ese tiempo, me inscribí en mi formación de Constelaciones Familiares (una modalidad terapéutica que si no conoces, te sugiero que investigues si es que te da curiosidad)... Fueron dos años intensivos trabajando los orígenes de ese patrón, moviendo los cimientos del apego y vivenciando procesos emocionales que muchas veces no lograba comprender, simplemente me permitía sentir.


En el retiro de cierre de la formación, mi profesor preparó un Temazcal delicioso, cantamos y elevamos nuestras intenciones, y luego, alrededor del fuego, hicimos nuestros rezos. En aquel momento, la presión psicológica de manifestar una pareja con requisitos a, b, c, d y e… se había disuelto.


Así que le pedí al fuego lo más genuino que anhelaba mi corazón “un buen amor”.

“Pero, Yaramtia, ¿si no pedimos exactamente lo que queremos, eso no sería conformismo, y mediocridad?”


No exactamente, a veces creemos que sabemos lo que queremos, pero sin antes haber trabajado en la disolución de patrones, lo único que estamos haciendo es plantearnos metas que no podemos sostener, con base en condicionamientos y mandatos que quizás nunca cuestionamos…


El fracaso reiterado no nos muestra que somos poco, o que no podemos.


El fracaso nos muestra la dificultad, la herida del alma, lo que necesitamos sanar para que nuestra esencia pueda expresarse con todo su ser, para que seamos cada vez más voz y menos eco.


¿Y qué pasó después de la petición al fuego? Viví no uno, sino DOS buenos amores. No relaciones de pareja largas como mucho tiempo había imaginado; fueron dos buenos amores fugaces, con dos hombres cariñosos y cuidadosos que me permitieron ir mucho más profundo en mis heridas. Al estar en un contexto seguro, donde no había dinámicas tóxicas, mi patrón se presentó muy claro y pude tocar mis heridas sin resistirme como lo hacía anteriormente para hacerme la fuerte. Ahora sabía lo que necesitaba (y estaba lista) para abordar…


La verdad es que veía las relaciones de pareja como un salvavidas… No me gustaba cómo me sentía respecto a mi, entonces me relacionaba. Me sentía insegura, buscaba la seguridad en otra persona… Y una y otra vez, cuando cada relación se terminaba, ¿adónde crees que volvía? A mi…


La cuestión es que me costaba estar conmigo… me camuflaba detrás de las ocupaciones, del trabajo, de las rutinas, e incluso, detrás de mi práctica espiritual…


Pero ese último "fracaso" relacional me dejó tan quebrada, que ya no pude esconderme detrás de nada más. Me tocó vivir el luto de todas las relaciones pasadas que había intentado enmascarar con la búsqueda frenética de la pareja ideal. Estaba agotada quién sabe desde hace cuánto tiempo, y no me había dado espacio real para descansar. Reduje mi agenda lo más que pude, me quedé con lo mínimo indispensable en mi vida, y comencé a nutrir los espacios que realmente me generaban placer, conciencia y presencia…


Comencé a relacionarme conmigo.


Todo este proceso llegó a su cúspide a inicios de 2021 (la pandemia, claro, ayudó a rebosar el vaso que ya estaba casi desbordándose), y me permití ser acompañada por una terapeuta con abordaje conductual, quien fue un apoyo fundamental para poder elaborar mi proceso.


Durante mucho tiempo, buscando alguien afuera, me había estado ignorando…

Entonces, comencé a cuestionarme si ese deseo de estar en pareja era realmente mío o lo había adoptado del sistema en el que crecí, y se había intensificado con el tiempo por aquello de “la edad”.


Lo que comenzó a suceder es que despertó en mi un aprecio por la vida tremendo… la verdad es que me encanta mi vida, me siento tan afortunada...


Mi círculo de amistades es incondicional, mi casa está a minutos del mar (caminando), me dedico a lo que amo, disfruto de tiempo libre, estoy sana… Naturalmente nos hemos aproximado más con mi familia, mi práctica espiritual ya no es desde la auto exigencia, es desde el disfrute… hago lo que quiero, no lo que “tengo”.


Entonces, mis querid@s… Si no hubiera fracasado en mis relaciones de pareja, quizás no habría llegado tan profundo en el camino del autoconocimiento, y no me sentiría tan plena como me siento ahora.


¿Aún quiero manifestar una relación de pareja sana y estable? Claro que sí, pero no hay apuro, y estoy disfrutando mucho de este tiempo conmigo… Lo que me ha permitido darme cuenta y agradecer todo lo que sí he manifestado.


Recuerda, el fracaso no es un monstruo de tres cabezas… Es un aliado, si sabes mirar hacia donde te guía: a mirar lo difícil, para poder darle lugar y caminar más leve. Y crecemos tanto gracias a él. Sólo necesitamos permitírselo, y sobre todo, no tenemos por qué hacerlo sol@s.


En el círculo de profundización online del día 2 de octubre a las 10hs de Chile, voy a guiar una meditación muy potente para apoyarnos a resignificar esa sensación de culpa por el fracaso, para que todas tus experiencias, aciertos y errores, tengan espacio en tu vida para abrirle las puertas al más precioso de los tesoros de tu existencia: LA EXPERIENCIA.


Puedes inscribirte en el círculo de profundización, aquí.


Y en mi e-book Manifiesta tu Poder, hablo más sobre este último punto. Estoy ajustando todos los detalles técnicos para que puedan tenerlo disponible muy pronto en la tienda; si quieres que te avise cuando esté publicado, suscríbete a mi newsletter.


Por último, quiero decirte que:


Lo estás haciendo muy bien, continúa... y que nadie te haga creer ni sentir lo contrario; sea quien sea (incluso tú). Protege tu energía.

Love,


Yaramtia.


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